Decepción

Como jode equivocarse, ¿verdad? Dicen que no importa cuántas veces caigas, que lo im
portante es cuantas te levantas. Vale, estoy de acuerdo. Pero lo duro no es levantarse. Lo verdaderamente difícil es estar en el suelo, rodeado de gente que te mira desde arriba. Oh, esas miradas. Algunas de pena y compasión, otras acompañas de manos para ayudarte, otra de burla, de sorpresa, miradas cargadas de ‘telodije’s, de decepción. Y tú estás ahí abajo, intentando retener las lágrimas con el poco orgullo y dignidad que te quedan, mientras maldices tu suerte y al karma.

Lo duro decepcionarse a uno mismo y superarlo. Porque a ti no te puedes engañar, no te puedes poner excusas. Lo duro es coger fuerzas para incorporarse y tender una mano al aire, esperando que alguien la coja, cuando lo único que te apetece es echarte una siesta aprovechando que estás en el suelo.

Al final te levantas. Todos lo sabemos, no eres capaz de mandarlo todbastono a la mierda. Y echas a andar. Cojeas y te sobas el culo con gesto de dolor, quizás durante unos días, quizás te dure más tiempo.

Pero te levantas. Al fin y al cabo, eso es lo importante, ¿o no?

Con C de decepción

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Y echaremos a volar

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Me miras a los ojos y no te das cuenta de que estoy muy lejos. Demasiadas noches mirando a las estrellas que brillan en mi cuarto, hasta que decidí echar a volar, para verlas más cerca. Que soy como un globo de helio que se ha escapado de la mano de un niño, pero que en el fondo sólo necesita que alguien se de cuenta de que se ha perdido, que levante la mano y le baje de nuevo al suelo. O mejor, que echen a volar juntos.

Destino

Llevo un rato pensando en el destino, y me he dado cuenta de que no sé si creo en él. Puede parecer extraño, pero nunca me había planteado dicha pregunta hasta hoy.

Hay quién dice que todo está escrito. Que no somos más que marionetas abandonadas a los caprichos de un ser, de una divinidad, no sé, llámalo X, que mueve nuestros hilos a su antojo.

Y hoy he decidido que no creo en el destino, porque me da miedo tan siquiera pensar que todo esto no sirve para nada. Que todas las inseguridades, las decisiones difíciles, las comeduras de cabeza, que todo eso ha sido en vano, porque alguien más ya ha elegido por mí. Me niego a dejar mi futuro y mi vida en la incertidumbre.

He decidido que sobre mí, mando yo.

También he decidido que voy a pensar un poco menos.

‘El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos’ (Willian Shakespeare)

Superviviente

En el fondo, todos somos supervivientes. Yo misma, sin ir más lejos, he conseguido sobrevivir más de una y más de dos veces, aunque aún tenga un par de frentes abiertos.

He sobrevivido al instituto, a la adolescencia, a peleas con mi madre. He sobrevivido a separaciones, aunque fueran temporales, a enfados con mi mejor amiga, a mi primer suspenso. He sobrevivido también a ataques de cosquillas traicioneros, a intentos de asesinato en forma de ahogadilla, a cientos de batallas de globos de agua y a alguna que otra puñalada por la espalda. Incluso he sobrevivido a una guerra civil. Interna, me refiero.

Una guerra civil dentro de mí, en la que sólo hay dos bandos: cerebro VS corazón, y por la que, a veces, los demás órganos se olvidan de funcionar, de tan concentrados que están apostando quién ganará. Una guerra que cambia las espadas y pistolas por lágrimas y vueltas en la cama.

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Bueno, en verdad, todavía no he sobrevivido. Porque todavía no se ha acabado, los dos bandos han establecido una especie de tregua, temiéndose abocados a la contienda infinita sin ver un claro vencedor. Ahora estoy en medio de una guerra fría, tan helada que me congela por dentro las entrañas y me paraliza cuando te veo. Porque no te quiero ver. Bueno, sí quiero. Pero no debo.

No sé qué pasará, no sé quién ganará.

Yo, por ahora, simplemente subsisto.

‘La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir’ Gabriel García Máquez

CON C DE SUPERVIVIENTE

Lágrimas

‘Ojos inflamados,

nariz roja,

pañuelos mojados en la intimidad

del que sabe que nadie le escucha.

Aunque lo que necesite sea lo contrario.

Te lo puedo decir más alto,

dudo que más claro.

Para gritar, a veces no es necesario abrir la boca.

Así que ven,

acércate,

que ya estoy cansada de darme a mí misma

los abrazos que me debes.’

Mayo

Caes de espaldas en la cama. Respiración acelerada, inspiras hondo para recuperar el aliento. Un mechón de pelo se adhiere a tu mejilla por la transpiración. Tu cuerpo, desnudo, está húmedo de sudor, de fluidos, de sexo. Su cuerpo, a tu lado, caliente. Vuestros nudillos se rozan, vergonzosos, sin atreverse a tocarse, pero sin querer separase del todo. Giras la cabeza y clavas tus ojos en los suyos. Jadea pero sonríe.

  • Ha estado bien, eh – te dice.
  • No ha estado mal, no – corroboras.

Cuando tu respiración se normaliza te incorporas en la cama y recoges tu pelo en una coleta alta, hace demasiado calor. Te levantas y vas a abrir la ventana. El aire fresco de una noche de mayo entra por ella. Te giras, y lo ves, su mirada clavada en tu cuerpo desnudo. Sonríes, y coges tu móvil. Te vuelves a tumbar mientras buscas el reproductor de música. Eliges una lenta, para no romper la magia del momento. Los acordes de ‘Chasing cars’ inundan la habitación, y tú sólo puedes pensar en lo adecuada que en ese instante.

Te tumbas boca abajo, dándole la espalda, cierras los ojos para disfrutar de la música. Lo escuchas revolverse a tu lado cuando una mano traviesa empieza a acariciar tu espalda. 664319_movies-love-black-and-white-vintage-amazing-couple-adorable-sweet-sex-bed-body-naked-care-unique-affection-affection-gid_200sTu piel, ya seca, reacciona, se eriza, los pelos se ponen de punta mientras su mano sigue las curvas de tu espalda. Besos espontáneos siguen a sus dedos. Arqueas tu cuerpo cuando su mano pasa la línea donde tu espalda pierde su nombre. Tu corazón late más rápido. Su mano asciende y rodea tu cintura, su palma aprieta tu ombligo y tira de ti hacia él. Ronroneas cuando su mano se posa encima de tu hígado, su pulgar se coloca entre tus pechos, entrelazas tus piernas con las suyas cuando sus labios rozan la piel de detrás de tu oreja y suspiras. Él apoya la cabeza al lado de la tuya, y sientes en tu oído su respiración profunda.

La canción termina y el aleatorio elige una canción demasiado movida para el momento. Te estiras para parar la música y sientes frío porque su mano ya no te toca. Lo miras a los ojos y el sonríe.

  • Tengo algo para ti – te dice.
  • ¿Para mí? ¿Qué es? – preguntas, curiosa.

Se levanta de la cama y se dirige a una esquina de la habitación. Coge su guitarra y la saca de su funda. La acaricia con cariño mientras se sienta en la silla del escritorio. Tú sonríes, apoyas tu codo en la almohada y tu cabeza en la mano. Él toca alguna nota al azar para comprobar que está afinada.

  • ¿Sabes a qué me recuerda esta situación? – le dices.
  • A qué – te responde sin mirarte, concentrado en su guitarra
  • A la escena de Forrest Gump, cuando Jenny está tocando la guitarra desnuda en el escenario, y un tío dice ‘que alguien le dé una armónica’.

Él se ríe y te mira fijamente.

  • Yo toco lo que tú quieras que toque – y tú sonríes.

Te callas, esperando a que empiece, y comienzan los acordes de una canción que conoces muy bien. Empieza a cantar, tiene ese tipo de voz que, sin ser espectacular, te cala hondo.

https://www.youtube.com/watch?v=IQoUjOvP0ZA

Fuimos a hacer el amor
Y parece que volvimos de la guerra,
Me sentí astronauta
cuando me abriste la puerta, 

Él alterna su mirada, la guitarra y tú. Cierra los ojos en determinados momentos, y cabecea. Y tú no puedes apartar la vista de él.


Perdido en tus lunares,
Diciendo adiós a la tierra,
Borrando en el felpudo el camino de migas
Para que nadie siga el rumbo
que entrevén tus piernas cuando caminas,
Punto a punto formando una línea,
Una recta entre tus curvas
y mis indirectas con puntería,
Volaron los minutos teniéndote cerca,
Ocultos, y jugando mudos juntos
a ese “truco o prenda”
Con el lenguaje de las manos,
Leyendo el braille cada surco de piel
pero también tus labios,
Vivimos sin horarios lejos de calendarios,
Versos de pasión y no de aniversario.
Todo lo que te dije lo hice:
Cicatrices que aun recuerdo en sueños
cuando despertamos vecindarios.

Sientes un cosquilleo en tu nariz, un nudo en la garganta, y mariposas en el estómago. Tus ojos se humedecen, y los cierras. Apoyas la cabeza en la almohada y sonríes. Una lágrima solitaria se ha escapado y moja las sábanas. Sigues con los ojos cerrados, disfrutando de su música, y la sientes tan dentro…


Mi más sentido bésame, bésame, besayúname,
Ayúdame a deshacer la cama,
Te comería a versos pero me tragaría mis palabras,
Por eso mejor dejarnos sin habla,
Perdí el sentido del amor, pero no del sarcasmo
así que te haré el humor hasta llegar al orgasmo,
Que he visto enamorados ojos de legañas
Pero no hay mejores brindis que
los que hacen tus pestañas,
Estas en mi lista de sueños cumplidos
Y en el de pecados compartidos,
Rompamos juntos la barrera del sonido
cuando el gemido se coma a el ruido,
Hagamos juntos todas las maldades
La dieta de los caníbales,
Soy de los que siempre creyó en las señales,
por eso pégame, muérdeme,
déjame cardenales.

Abres tus ojos y él tiene los suyos fijos en ti. Sientes demasiadas cosas como para expresarlas a la vez. Sólo sabes que ya no tienes miedo, tantas dudas en esos cuatro meses desde el primer beso, sin querer mostrarse del todo por miedo, guardándote una parte de ti que no quieres que hieran más, siéndolo todo sin ser nada. Hasta que encuentras la manera de expresarlo, y saltas a la piscina, porque cuando se siente, se siente de verdad.

  • Te quiero.

Descubres que estás más tranquila de lo que esperabas, a pesar de haberlo apostado todo sin tener una buena mano. Él sigue con los ojos fijos en ti, sin hacer un movimiento. Son quince largos segundos hasta que él reacciona. Se mueve tan rápido que ni te das ni cuenta. Y de repente está encima de ti. Su boca atacando la tuya en un beso hambriento, pasional, enfermizo, un beso del que lleva mucho esperando, un beso del que lo da todo con la certeza de no arrepentirse. Y sus manos vuelan, te acarician todo el cuerpo, cada pequeño rincón de tu anatomía, cada punto donde tienes cosquillas, esos que sólo encuentra quien se empeña. Tú dejas que él tome las riendas porque es su turno de mover ficha; te abandonas a la tempestad, sabiendo que después viene la calma.

Susurras su nombre con los ojos cerrados cuando su boca baja a tu cuello y él, con complejo de vampiro, muerde. Tu respiración cada vez se acelera más, siguiendo el compás que el director de la orquesta ha marcado. Deposita un sendero de besos desde tu ombligo hasta tu monte de Venus. Cada vez tienes más calor y jadeas cuando rodea tu clítoris con su lengua y dos de sus dedos entran en ti. Todo a tu alrededor se difumina y sólo sientes calor, los latidos acelerados de tu corazón en tus oídos y a él entre tus piernas.

De repente, se para. Abres los ojos para encontrar su cara a milímetros de la tuya. Roza intimidadla punta de su nariz con la tuya y te besa a la vez que entra en ti de una sola vez, piel con piel. Tú alzas la pelvis para aumentar la fricción del vaivén de caderas. Puedes notar como las células del hipotálamo segregan la oxitocina que se vierte a tu sangre por litros, potenciando todas esas sensaciones. Y cuando crees que no puedes más, él acerca su boca tu oreja y susurra.

  • Estoy enamorado de ti.

Y explotas.

Cansada

Estoy tan harta… tan cansada. Sólo quiero dormir y despertar y que todo sea diferente. Estoy tan cansada de que nunca sea suficiente, tan cansada de vivir intentando cumplir las expectativas que los demás te imponen, de mantener la imagen que tienen de ti.

Pero, de todos esos que te señalan cada paso a dar, cuántos te han preguntado si es lo que realmente quieres. Cuántos te han preguntado cómo estás, cómo te sientes. En qué mierda de mundo vivimos. Por qué hay que vivir de cara a la fachada. Por qué todo tienen que estar condicionado por los demás. Por qué. Quién manda eso.

Llevan toda tu vida diciéndote que puedes dar más, que si te esfuerzas, que puedes. Tú no estás tan segura. Pero lo intentas, lo intentas de verdad. Y qué pasa cuando esos resultados no llegan. Tampoco hay nadie que te dé ese empujoncito que necesitas.

Estoy harta de dar explicaciones, de sentirme mal por hacer lo que me apetece. Estoy cansada de un fracaso tras otro, de heridas que no se curan porque las tapan y no dejas que les dé el aire. Estoy exhausta de sentirme pequeña en un mundo tan grande y de sentirme enorme entre estas cuatro paredes. Estoy cansada de inseguridades.

‘Me gustan las personas que lo tienen todo lo suficientemente claro como para no saber qué hacer con su vida.’

Perdón

Me he dado cuenta de que nunca te he pedido perdón. Y es que todo fue por mi culpa. Siento haberte hecho daño, siento si no supe estar a la altura, siento haberme comportado como una niñata caprichosa que no tiene las cosas claras, porque tú no te lo merecías. Pero es que era una niñata caprichosa. Y es ahora, dos años después, cuando me doy cuenta.

Es algo difícil esto de los sentimientos, porque surgen cuando menos lo esperas, y lo siento, pero contigo no surgieron. Y lo intenté, de verdad que lo hice. Me da pena, porque sé perfectamente lo que me perdí, me perdí a una de la mejores personas que conozco, leal, atento, cariñoso. Ese eres tú, y yo no supe verlo.

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Pero no me arrepiento, porque no estamos destinados. Sigues en mi vida, y yo en la tuya, y te doy las gracias por permitirme formar parte de ella, aunque sea como amiga, porque estoy dispuesta a demostrarte que como eso, valgo mucho.

Sé que algún día la encontrarás, a esa persona que sepa ver todo eso que hay en ti, y te responda con ganas. Tú sólo espera, porque te aseguro que valdrá la pena.

Feliz

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Ese momento en el que sales a la calle y lo primero que notas es el cielo azul y un sol radiante. No hace calor, es esa temperatura justa en la que te sientes cómodo. Y vas, como todos los días, camino de la facultad, y cruzas el parque, y ves los árboles en flor, y a un cachorro jugando en el césped; y su dueño, con una sudadera y con cara de dormido, te sonríe. Y luego pasas por delante de la panadería y te inunda ese delicioso olor a bollos y chocolate. Y esa persona que se sienta al lado tuyo en clase te ofrece un chicle, justo, qué casualidad, de tu sabor favorito. Y de repente, encuentras tu pintalabios favorito que creías perdido, sí, ese de color berenjena, que has pensado en tatuarte en los labios de tanto que lo adoras. Y, aunque te pasas cinco horas seguidas de pie escuchando al profesor, no te importa, porque cada palabra suya te hace sentir más segura de dónde estás y a dónde quieres llegar. Y ya por la noche llegas y ves que ha llegado el paquete que llevabas días esperando. Y entras en el comedor y hay filete empanado de cenar (Omg!), y claro, lo devoras. Y te metes en la cama con el ordenador y una tableta de chocolate, dispuesta a tragarte unos cuantos capítulos de Anatomía de Grey y a olvidarte de las obligaciones. Y apagas el ordenador, con una sonrisa en los labios, pensando en lo a gusto que se está debajo del edredón.

Ese momento en que te das cuenta de que eres feliz.

‘Lo has olvidado, la vida crece entre los matices…’

Con C de Feliz